Paco y Tuti vienen de Voxtar

Pero al acercarse vi que tenían una dulce expresión y aunque yo no escuchaba nada, percibí que eran indefensos y trataban de comunicarse conmigo. Sin duda, eran dos niños extraterrestres. Cuando me saludaron, sin el más mínimo temor, inmediatamente pensé: “- Con ellos podré formar mi propio circo, serán mis mascotas”.

Efectivamente logré que los niños me siguieran y los invité a mi casa. Al llegar, mi mamá se pegó el susto de su vida. – ¿Y cómo vamos a tener a estas enormes criaturas en la casa?- me dijo. – ¿Pero no ves que apenas son unos indefensos niños?- le contesté, y ante mi insistencia aceptó que se quedaran por un par de días.

Mamatilda cuando conoce a Paco y Tuti

Mamatilda cuando conoce a Paco y Tuti

Los días fueron pasando y mi mamá y yo nos fuimos encariñando con los niños, a quienes comenzamos a llamar Paco y Tuti.   Como por arte de magia y sin necesidad de hablar, comencé a comunicarme con ellos. Supe que venían de un planeta desconocido y lejano llamado Voxtar, donde vive una extraña raza que creía saberlo todo y que al no tener nada nuevo que aprender, ningún nuevo reto que superar, decidieron enviar a los niños al espacio para que encontraran algún otro planeta en donde aprender nuevas cosas. Pero con una condición: el día que dejaran de aprender debían regresar a casa.

Mamatilda y yo nos fuimos encariñando con Paco y Tuti

Mamatilda y yo nos fuimos encariñando con Paco y Tuti

Comprendía que tenía que enseñarles algo nuevo a los niños todos los días. Pero yo sabía muy poco. Por eso, encomendé a mi mamá para que lo hiciera. Yo me dedique a organizar mi nuevo circo, el cual, sin ninguna duda, tendría un éxito fenomenal. Pero mi mamá se opuso a esta gran idea.

¿Que un circo con los niños? – preguntó furiosa – ni de vainas. Los niños no vinieron a pertenecer a un circo, ni mucho menos a trabajar. Los niños están aquí para crecer, para aprender, para jugar..¡para ser niños!-

Comenzaron tiempos difíciles pues yo, aunque estaba sin empleo, ahora tenía dos nuevos hijos adoptivos en casa. Mientras buscaba trabajo, mi mamá, que les había cogido mucho cariño, les leía cuentos y de vez en cuando les enseñaba alguno de sus pasos de baile. Hasta que cierto día llegaron los Voxtarianos y al conocer lo que habíamos hecho con los niños se pusieron furiosos. Quisieron llevárselos, pero afortunadamente, pude convencerlos que haríamos un mejor esfuerzo para que los niños aprendieran mucho más.

Entonces llamé a mi hermano Migue Mantequilla, quién en ese preciso momento participaba en el concurso mundial de comida para niños. Algunas semanas después regresó desde París, acompañado de Filomena, su excéntrica novia, y empezó a enseñarle a los niños el arte de la cocina y todo lo relacionado con el origen de los alimentos, sus olores y texturas.