Billy el Cibernauta

Para complementar lo que los niños aprendían, mi mamá llamó a Billy, su sobrino. Billy era un niño genio en computadores, no hacía nada que no fuera jugar con ellos y viajar por el ciberespacio. Le decían –Billy el Cibernauta-. No tenía amigos, su único amigo era “Mouse” su compañero de ciberviajes y mantenía una permanente rabia con Migue y conmigo pues afirmaba que cuando pequeños siempre le habíamos hecho trampa en todos los juegos. Aunque era solitario, accedió a ayudarnos y dio clases de informática a Paco y Tuti.

Con la ayuda de Migue y Billy las cosas se hicieron un poco más fáciles. Pero tanta y tan buena era la comida, que los niños comenzaron a crecer y engordar. Entonces Rosy nos ayudó a que en el parque frente a nuestra casa hicieran ejercicios y coreografías que les ayudarían a mantener un peso adecuado.

El inicio del baile de los niños en el parque fue todo un acontecimiento. Desde aquel momento todos nuestros vecinos querían jugar con Paco y Tuti. Poco a poco, nuestra casa se fue llenando de niños. Al principio fue una gran felicidad, pero después una horrible pesadilla. Ya no cabíamos, ya nada estaba en su lugar, ya no se podía caminar, todo estaba roto, era un lugar de locos, un caos.

Los niños ya no cabían en nuestra casa. Era necesario ampliarla,   pero no teníamos el dinero para hacerlo. No había alternativas. Lo único que nos salvaría era encontrar alguien que quisiera adoptar a nuestros hijos y pudiera darles una vida más cómoda de lo que nosotros podíamos ofrecerles.

Con ayuda de Billy y el Internet conocimos a Mr.King quien después de heredar una gran fortuna, tenía el sueño de crear el lugar de videojuegos para niños más grande del planeta. Paco y Tuti serían sus anfitriones y con los videojuegos serían los niños más famosos del universo. Con Mamatilda decidimos que eso no era lo que creíamos mejor para los niños.

También llegó a nuestra casa desde Alejandría, Egipto, el afamado Sultán Patta Rajah, quién con su enorme fortuna había replicado la biblioteca de Alejandría y la había alimentado con cuanto cuento y libro infantil se había escrito. Me pareció genial, el lugar ideal para Paco y Tuti. Pero Mamatilda se opuso. – ¿Y los juegos, y los bailes, y la cocina, y los demás niños? – me dijo seriamente.