El amor también se expresa con la palabra ‘NO’. Decirle a un niño/a que no debe hacer algo por su salud, por su bien, por el de otros o por múltiples razones, es también demostrarles que alguien se preocupa por ellos y que sus acciones tienen consecuencias.

Cuando los niño/ass aprenden desde pequeños que existen límites, también se sienten seguros en la vida, porque encuentran un marco de referencia dentro del cual moverse, de lo contrario el mundo sería demasiado amplio para ellos, y esa sensación de inmensidad los puede volver inseguros.

Por ejemplo, saber que no puede comer más de un dulce en el día, que no puede acercarse a la cocina cuando está prendida la estufa, que no puede jugar con los adornos de la sala, que no puede pintar en las paredes, es entender hasta dónde puede llegar y eso le da tranquilidad.

Además, cuando el niño/a cumple con esos límites también se siente bien consigo mismo y mejora su relación con el mundo. Si tiene claro que no está bien pegarle a otro niño/a, pues aprende sobre respeto y convivencia, sobre su relación con el mundo exterior.

Es claro que estos límites cambian con la edad. A medida que el niño crece, podrá hacer más o menos cosas según su desarrollo, y los padres deben permitir que poco a poco el niño se independice a su propio ritmo.

Existen normas y límites para toda la vida, como no agredir a alguien o no robar, por ejemplo, pero hay otros que se modificarán de acuerdo con el desarrollo del niño, por eso definir límites no es impedirle crecer, no es limitarle su curiosidad ni evitar que explore. Por ejemplo, si el niño ya está listo para gatear, pues es importante buscar un sitio seguro para que lo haga.